Suelo pélvico
Pérdidas de orina al toser, reír o hacer ejercicio: por qué ocurren y qué puedes hacer
Melody Sánchez Serrano · Fisioterapeuta y osteópata8 min de lectura

Te ríes fuerte y notas una pequeña pérdida.
Estornudas con la vejiga llena.
Corres, saltas o haces un ejercicio de impacto y ocurre otra vez.
Muchas mujeres empiezan adaptándose: vacían la vejiga antes de entrenar, utilizan un protector “por si acaso” o dejan de hacer determinados ejercicios.
Y con el tiempo pueden acabar pensando que es algo inevitable después de tener hijos o a partir de cierta edad.
Es frecuente, pero frecuente no significa que tengas que resignarte.
Cuando la pérdida aparece asociada al esfuerzo, al ejercicio, a la tos o al estornudo hablamos habitualmente de incontinencia urinaria de esfuerzo. Es diferente de perder orina porque aparece una urgencia muy intensa y no llegas al baño.
1. Qué ocurre cuando toses, corres o saltas
Cada vez que toses, estornudas, levantas peso o aterrizas después de un salto cambia rápidamente la presión dentro del abdomen.
La vejiga, la uretra y los tejidos que las sostienen tienen que gestionar ese cambio. El suelo pélvico forma parte de ese sistema y su función contribuye al soporte y a la continencia.
Pero aquí aparece uno de los errores más frecuentes: presuponer que una pérdida de orina significa automáticamente “falta de fuerza”.
El sistema necesita capacidad para generar fuerza, pero también para hacerlo cuando corresponde, mantenerla cuando es necesaria, relajarse y coordinarse con las demandas que recibe.
Por eso dos mujeres que pierden orina haciendo exactamente el mismo ejercicio no necesariamente necesitan trabajar de la misma manera.
2. Primero hay que saber qué tipo de pérdida tienes
Imagina dos situaciones.
En la primera, corres y se escapan unas gotas al aterrizar.
En la segunda, mientras estás trabajando aparece de repente una necesidad muy intensa de orinar y tienes que correr al baño.
En ambos casos ha habido una pérdida de orina, pero el mecanismo y el razonamiento clínico no son necesariamente iguales.
Cuando predomina la pérdida asociada al esfuerzo hablamos de incontinencia urinaria de esfuerzo. Cuando la pérdida está relacionada con una urgencia difícil de posponer hablamos de incontinencia de urgencia. Algunas mujeres presentan características de ambas, lo que se denomina incontinencia mixta.
Hacer el mismo ejercicio para síntomas diferentes es una de las formas más sencillas de convertir una recomendación útil en una receta demasiado genérica.
3. Entonces… ¿tengo el suelo pélvico débil?
Puede existir un déficit de fuerza. Pero no deberíamos concluirlo únicamente porque se te escapen unas gotas.
Las recomendaciones clínicas incluyen comprobar que la mujer sabe realizar correctamente una contracción del suelo pélvico y adaptar el entrenamiento a su capacidad de contracción y relajación, molestias, necesidades y objetivos.
Una mujer puede llevar años diciendo que “hace Kegels” sin saber exactamente qué está contrayendo, cuánto está compensando con otras zonas o si el entrenamiento que está haciendo responde realmente a su problema.
Más contracciones no siempre significa mejor entrenamiento.
4. Los ejercicios de suelo pélvico sí tienen evidencia. Pero hay un matiz importante
No quiero caer en el extremo contrario. El entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico sí es una intervención de primera línea para mujeres con incontinencia urinaria de esfuerzo y mixta.
NICE y las guías europeas recomiendan programas supervisados durante al menos tres meses para estos cuadros.
Por tanto, el mensaje no es “los Kegels no funcionan”.
El mensaje correcto es que un suelo pélvico no se entrena bien simplemente haciendo contracciones al azar cada vez que te acuerdas.
Hay que saber qué capacidad queremos mejorar, si la contracción es correcta, cómo responde ante una demanda y qué necesita progresar.
Ahí existe una diferencia enorme entre hacer ejercicios y entrenar una función.
5. Hay información que puedes empezar a observar antes de hacer nada
Antes de buscar otra rutina en Internet, fíjate durante unos días en tu patrón.
¿Cuándo ocurre?
¿La pérdida aparece únicamente al toser, saltar o correr, o también aparece acompañada de urgencia?
¿Importa cuánto está llena la vejiga?
¿Sucede únicamente con la vejiga muy llena o prácticamente independientemente de cuándo hayas orinado?
¿Cuánto está condicionando tu vida?
¿Son unas gotas ocasionales o está modificando tu forma de entrenar, trabajar, viajar o salir de casa?
¿Ha cambiado?
¿Ha aparecido recientemente, lleva años igual o está aumentando?
¿Hay otros síntomas pélvicos?
¿Notas además sensación de peso vaginal, dolor, dificultad para vaciar la vejiga u otros síntomas urinarios o pélvicos?
No necesitas diagnosticarte con estas preguntas. Su utilidad es otra: dejar de tratar todas las pérdidas como si fueran iguales.
6. Lo que no resolvería automáticamente el problema
Si una mujer pierde orina al hacer ejercicio, es muy tentador ir al baño siempre justo antes de entrenar, evitar los saltos, utilizar un protector o dejar de correr.
Alguna de estas adaptaciones puede ser útil de forma puntual. Pero convertirla automáticamente en la solución no nos explica por qué aparece la pérdida.
Lo mismo ocurre con renunciar indefinidamente a determinadas actividades. A veces adaptar temporalmente una carga tiene sentido. Abandonarla sin entender qué está ocurriendo es otra cosa.
¿Cuándo merece una valoración?
Si las pérdidas son recurrentes, están aumentando, condicionan tu actividad física o tu vida diaria, merece la pena valorar el suelo pélvico de forma individualizada.
También conviene consultar si aparecen sangre visible en la orina, infecciones urinarias recurrentes, dolor importante, dificultad marcada para vaciar la vejiga u otros cambios urinarios nuevos que no encajan con tu patrón habitual.
Una idea que quiero que recuerdes
Una pérdida de orina no es una orden para “apretar más fuerte”.
Es una señal que merece ser entendida.
Qué ocurre, cuándo ocurre y cómo responde tu cuerpo determina mucho mejor qué necesitas trabajar que el simple hecho de perder unas gotas.
Y eso es precisamente lo que cambia cuando pasas de hacer ejercicios genéricos a cuidar tu suelo pélvico con criterio.
En Suelo pélvico TempleViu este razonamiento se convierte en práctica: aprender a reconocer qué estás haciendo realmente con tu musculatura, diferenciar objetivos y organizar el entrenamiento sin aplicar la misma receta a todas.
Fuentes y evidencia
- NICE. Urinary incontinence and pelvic organ prolapse in women: management. NG123. Recomendaciones 1.3.4, 1.4.4 y relacionadas. Ver fuente
- NICE. Quality statement 4: Supervised pelvic floor muscle training. QS77. Ver fuente
- European Association of Urology. Guidelines on Non-neurogenic Female LUTS — Disease Management. Ver fuente
- Marcellou EG et al. Effect of pelvic floor muscle training on urinary incontinence symptoms in postmenopausal women: A systematic review and meta-analysis. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2025;304:134-140. PMID: 39615241. Ver fuente
Este artículo ofrece educación sanitaria general y no sustituye una valoración individual.
